Siglo XVIII
A mediados del siglo XVIII se oye hablar por vez primera de ropa interior femenina de calidad en el sentido actual, cosa que también hay que agradecer a una empresa como FELINA con más de 120 años de historia a sus espaldas.
Corsé, crinolina y alboroto eran términos de uso corriente para la mujer entre 1810 y 1870. Las damas a la moda lucían ‘cintura de avispa’ que, en aquel entonces, se conseguía utilizando ‘corpiños de cordones’ y 'corsés mecánicos'. Hacia 1870 esta silueta exagerada artificialmente incluye también la parte posterior del cuerpo: el 'alboroto' en forma de cesto se utiliza para crear un 'falso trasero' considerado especialmente erótico.
El último tercio del siglo pasado trajo consigo un lujo cada vez mayor por lo que respecta a la ropa interior. Batista y finísimo lino holandés, bordados y encajes, escotes en forma de corazón y labores de ganchillo. La fantasía no conoce límites. Así es como comienza su andadura el arte de la ‘costura lencera’.
El corsé, que hasta la fecha había servido únicamente para modelar la figura, cobró rápidamente el carácter de prenda a la moda gracias a las denominadas 'ligas de goma' que hoy en día conocemos como 'ligueros'.
Siglo XIX
La típica silueta del año 1900 nos muestra a la mujer sin rastro de “tripa” – a ser posible incluso con el vientre arqueado hacia dentro combinado con un pecho muy marcado y un trasero que sobresale hacia fuera. A partir de 1910 la parte inferior del cuerpo se verá constreñida en una línea recta.
Un paseo por la historia de la industrialización nos revela que hasta los años 40 del siglo XIX los corsés eran creaciones de los sastres corseteros que cosían a mano piezas de tela cortadas. Más adelante llegará la fabricación en serie acoplada al proceso de tejido del corsé en un telar manual. En 1850 se dio a conocer la máquina de coser en Alemania.
Los franceses fueron los pioneros de la fabricación de corsés en serie. Poco después, hacia mediados del siglo XIX, surgirán en Alemania los primeros talleres de confección de corsés. Entre ellos destaca una empresa de Bad Rappenau, fundada en 1885, que más tarde sería conocida con el nombre de FELINA.
El primer precursor del sujetador fue el modelo francés 'Callimaste' – moldeado a base de cintas elásticas – pensado para llevar debajo del corsé.
La primera guerra mundial trajo consigo una imagen femenina enteramente nueva – fruto de la necesaria independencia y actividad laboral de la mujer. De repente las mujeres cobraron el aspecto de muchachos. La 'ropa interior de una sola pieza' es la prenda típica del momento. El pecho desaparece bajo el primer 'sujetador'. El corsé será sustituido en parte por la 'faja’.
Años 20
En América los años 20 nos muestran a la mujer caracterizada como vampiresa – bien proporcionada pero con pocas caderas. Las prendas básicas del ajuar lencero son los sujetadores de formas redondeadas que realzan el busto, el liguero elástico y el corsé que moldea la figura. Imprescindible la faja que, hasta la invención de los pantis, hará también las veces de liguero.
La segunda guerra mundial trajo consigo escasez e inventiva. Las fibras procedentes del extranjero, como el nylon o el perlón, irrumpen en el mercado alemán. El ajuar básico se compone ahora de 'faja' y 'sujetador'.
De 1960 hasta nuestros días
A comienzos de los años 60 la industria lencera de Alemania occidental experimenta un enorme auge. Da empleo a 25.000 personas – de las cuales 2.000 trabajan en FELINA. A partir de ese momento el sector de la moda será impensable sin novedades como la lycra, la fibra milagrosa, los primeros pantis y la minifalda.
Afortunadamente ya han quedado atrás los tiempos en que las mujeres preferían comprar ropa interior, sobre todo fajas, intentando pasar desapercibidas y con un cierto sentimiento de vergüenza. En los últimos diez años las fajas y la lencería han ido cobrando cada vez más el rango de artículos de moda. Esto se debe, por un lado, al espíritu abierto de nuestra época y, por otro, a una mayor conciencia del propio cuerpo.
Qué duda cabe que la evolución de la moda hacia hechuras que realzan el cuerpo y escotes profundos también ha contribuido en gran medida a cambiar el estatus de la lencería. A esto hay que añadir que son muchas las mujeres jóvenes con pecho grande que no se avergüenzan de realzar su escote. Además de los aspectos vinculados con la moda – desde modelos deportivos hasta otros lujosamente decorados – las clientas cada vez dan mayor importancia al hecho de que un sujetador siente bien. Aunque, como es natural, por relevante que sea la funcionalidad el conjunto no debe resultar pacato o recordar a la ropa interior de la abuela.
Precisamente las mujeres con tallas de copa grandes están muy al tanto de las modas y dan muchísima importancia a la comodidad, pero esto no implica ni mucho menos que los sujetadores no deban seguir las últimas tendencias y ofrecer una calidad optima. La lencería no debe constreñir sino que debe ser agradable de llevar y debe producir una cierta sensación de bienestar.
Fuentes:
'Zur Geschichte der Unterwäsche 1700-1960' [‘Sobre la historia de la ropa interior 1700-1960’], Almut Junker, Eva Stille, Museo Histórico de Frankfurt am Main
'Wäsche, Mode Markt und Marketing' [‘Lencería, mercado de la moda y marketing’], Felicitas Bachmann, Christa Madeyka, Mechthild Meyer-Schneidewind, Deutscher Fachverlag